Ján Pavel II ťa miluje celého sveta - Totus Tuus

Autor: Jorge Porubský | 2.4.2011 o 13:50 | (upravené 4.4.2011 o 14:04) Karma článku: 0,00 | Prečítané:  179x

Mi tributo a Juan Pablo II el hombre-sacerdote-Papa que me ha inspirado toda mi vida y quien me ayudó a fortalecer mi fé, a quien he servido en el altar, en varias celebraciones eucaristicas en Argentina y por quien he llegado a profesar los votos del Diaconado y como fraile franciscano menor de la orden III. Gracias Su Santidad! Gracias Juan Pablo II! Totus Tuus. Moja pocta John Paul II svätý muž-kňaz-Pápež, ktorý inšpiroval celý môj život a pomohlo mi to posilniť svoju vieru, som slúžil pápež pri oltári v rôznych eucharistickej slávnosti v Argentíne a Brazílii, a bol som vysvätený Diakon aj tiež ako terciárny františkánsky mních. Ďakujeme, Vaše Svätosti! Vďaka John Paul II! Totus Tuus. Tu est Petrus!!!

Exposiciones, conferencias, libros, discos o calendarios sobre Juan Pablo II se prodigan en estos días en numerosos países de tradición católica para celebrar la inminente beatificación del papa Wojtyla, del que hoy se cumple el sexto aniversario de su muerte.

Más de 300.000 personas han confirmado su asistencia a la beatificación

Si hace un ano la pregunta era cuándo iba a ser beatificado el primer papa polaco de la historia, ahora todas las miradas están puestas en el próximo 1 de mayo, cuando Benedicto XVI proclamará en la plaza de San Pedro del Vaticano beato a su predecesor, del que fue estrecho colaborador durante 24 anos. Hasta el momento, más de 300.000 personas han confirmado ya su asistencia a la Opera Romana Pellegrinaggi (ORP), organismo de la iglesia romana encargado de la organización del evento, una cifra que se espera aumentará considerablemente.

A la espera de ese día, se han presentado últimamente en Roma varios libros sobre la vida del papa Wotyla, uno de ellos en espanol, y otro sobre los encuentros que mantenía con los periodistas en los aviones cuando se dirigía a algún de los 129 países que visitó en sus casi 27 anos de pontificado, el tercero más largo de la historia de la Iglesia.

Imágenes inéditas de Juan Pablo II

También se ha inaugurado varias exposiciones de fotos del papado Wojtyla (1978-2005), una de ellas con imágenes inéditas proveniente de los archivos vaticanos, un libro de poesías y oraciones suyas, una agenda con fotos suyas, y se ha sacado a la venta un cd con composiciones inéditas que acompanan plegarias, homilías, salmos ydiscursos de Juan Pablo II en seis idiomas, titulado «Tu es Christus». El álbum tiene trece temas, nueve con la voz del papa Wojtyla. Otros son interpretados por el tenor espanol Plácido Domingo, el italiano Andrea Bocelli y el grupo irlandés The Priets. Sin olvidar la risa de Juan Pablo II con el  payaso Japo de origen espaňol. 

El Vaticano ha reiterado que la asistencia es libre y gratuita

En Roma se vive ya con intensidad la beatificación, que estará precedida de una «vigilia de preparación» en el romano Circo Massimo, con capacidad para un millón de personas, en la noche del 30 de abril. El Vaticano, tras conocer que se están vendiendo entradas para la ceremonia en diferentes partes del mundo, ha reiterado que la asistencia es libre y gratuita, como todos los actos papales.

La beatificación de Juan Pablo II será un evento histórico sin precedentes, ya que en los últimos diez siglos de la Iglesia católica ningún Papa proclamó beato a su predecesor. Hay que remontarse a la Edad Media para encontrar casos más o menos similares. Uno de ellos es el de Pietro de Morrone, el eremita elegido papa con el nombre de Celestino V en 1294 y que renunció al Solio Pontificio varios meses después. Fue proclamado santo en 1313, veinte anos después de la muerte, pero por su tercer sucesor. La santidad de León IX (1002-1045) y de Gregorio VII (1020-1085) sí fue reconocida inmediatamente después de sus fallecimientos.

Juan Pablo II, a la gloria de los altares

Juan Pablo II (1920-2005) será elevado a la gloria de los altares seis anos y un mes después de su muerte, después de que Benedicto XVI promulgara el pasado 14 de enero el decreto por el que se reconoce un milagro por su intercesión. Se trata de la curación inexplicable para la ciencia de la monja francesa Marie Simon Pierre, de 51 anos, que padecía desde 2001 Parkinson, la misma enfermedad que tuvo Wojtyla.

El proceso se abrió el 28 de junio de 2005 en Roma, ciudad en la que murió Juan Pablo II

El proceso se abrió el 28 de junio de 2005 en Roma, ciudad en la que murió y de la que fue obispo durante 26 anos y medio. La causase abrió por deseo de Benedicto XVI, sin esperar a que transcurrieran cinco anos de su muerte, como establece el Código de Derecho Canónico y como ocurrió con la Madre Teresa de Calcuta, a la que beatificó seis anos y dos meses después de su muerte.

El anuncio fue acogido con gran alegría en el mundo católico, donde aún sigue vivo el grito «santo súbito» (santo ya) que decenas de miles de personas corearon aquel 8 de abril de 2005 durante el funeral.

La congregación para la Causa de los Santos subrayó que han sido respetados «escrupulosamente» todos los pasos exigidos por la normativa de la Iglesia, que todo se ha seguido «al detalle», sin dejar nada sin comprobar. Para ser proclamado santo hace falta un milagro ocurrido después de la beatificación. El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, dijo hoy que la canonización «llevará su tiempo».

Juan Pablo II en Argentina:

Primera visita: 11 y 12 de junio de 1982

El 2 de abril de 1982 la Argentina recupera las Islas Malvinas, lo que desencadena la reacción británica y sobreviene la guerra entre la Argentina y el Reino Unido. En esos días se conoce la noticia de que el 28 de mayo el Papa haría una visita apostólica a Gran Bretana, largamente preparada.

Es entonces cuando Juan Pablo II, con paternal delicadeza, decide efectuar fuera de todo programa y sin preparación alguna, una visita fugaz a la Argentina. Inmediatamente escribe una carta a los argentinos fechada el 25 de mayo, que comenzaba diciendo: «A los queridos hijos e hijas de la Nación Argentina: Os escribo por mi propia mano porque siento que debo repetir el gesto paternal del Apóstol Pablo hacia sus hijos, abrazándolos en la fe». El Sumo Pontífice expresó que su viaje a la Argentina era eminentemente pastoral. «Mi viaje a la capital argentina -dijo- es un viaje de amor, de esperanza y de buena voluntad, de un Padre que va al encuentro de los hijos que sufren».

Esta visita constituyó, según opinión de numerosos y caracterizados testigos argentinos y extranjeros, un «acontecimiento nunca visto en el país».

Viernes 11 de junio de 1982

A las 8.50 aterrizó en el aeropuerto internacional de Ezeiza el avión que conducía a Juan Pablo II. El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Juan Carlos Aramburu y el nuncio apostólico, monsenor Ubaldo Calabresi, subieron a la aeronave a dar la bienvenida al Papa.

Luego de besar el suelo argentino, el Santo Padre fue recibido por el Presidente de la Nación, General Leopoldo Fortunato Galtieri y por autoridades civiles y militares. Durante los 40 kilómentros de su viaje hacia la catedral de Buenos Aires por las autopistas Ricchieri y 25 de Mayo, miles de personas, a pesar del crudo tiempo invernal, saludaban con desbordante entusiasmo al Santo Padre, que respondía visiblemente emocionado a los saludos de la multitud.

En la catedral metropolitana lo esperaban sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas y miembros de movimientos eclesiales, junto con los obispos argentinos y presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica. Luego de orar ante el Santísimo Sacramento, pronunció una alocución e impartió la bendición a los presentes.

En la Casa Rosada, fue recibido por el Presidente y tuvo un encuentro con los miembros de la Junta Militar. Luego pasó a la capilla de la Casa de Gobierno donde oró unos momentos. Antes de retirarse el Santo Padre se asomó al balcón para saludar a la inmensa muchedumbre que colmaba la Plaza de Mayo.

Poco después de las 14 el Santo Padre inició su viaje a Luján, distante 70 kilómetros de Buenos Aires. En la Basílica Nacional, ante la imagen de la Patrona de la Argentina, Juan Pablo II oró por la paz, luego le ofreció a la histórica imagen la «Rosa de Oro» que le había traído desde Roma. Concelebró la Misa con los cardenales, obispos y sacerdotes presentes, ante una multitud calculada en una cifra cercana a las 700.000 personas. Juan Pablo II pronunció una homilía en la que exhortó a imitar a Cristo, pidió por los muertos en la guerra con Gran Bretana y por la rápida terminación del conflicto.


Sábado 12 de junio de 1982

El Santo Padre comenzó la jornada trasladándose a la Curia Metropolitana donde tuvo un encuentro con los cardenales y obispos argentinos, los presidentes de las conferencias episcopales de Latinoamérica y los miembros directivos del CELAM. Luego de orar en la capilla de la Curia, comenzó su reunión con los obispos, a los que les dirigió un mensaje a puertas cerradas.

Luego de saludar a la multitud desde los balcones de la Curia arzobispal se dirigió en «papamóvil» hasta Palermo, donde junto al Monumento de los Espanoles se había levantado un gigantesco altar cubierto en el que se concelebró la Santa Misa ante una inmensa multitud, en su mayoría jóvenes. Durante su homilía se refirió a la celebración del Corpus Christi, habló a los jóvenes argentinos, pidió por la paz y recordó a los muertos y heridos en la guerra de las Malvinas.

Finalizada la misa, nuevamente con la repetición de un mismo espectáculo, abigarradas y entusiastas multitudes aplaudieron y vitorearon el paso del Papa por las calles de Buenos y por las autopistas que lo condujeron al Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Después de una conversación a solas con el Presidente Galtieri, de unos 20 minutos, el Pontifície pronunció el discurso de despedida que concluyó con un «!Hasta la vista!».

Juan Pablo II en visita pastoral a Chile, junto con Argentina y Uruguay en Abril de 1987

Discurso a los Jóvenes de Chile:


Juan Pablo II otra vez en Argentina

Segunda visita: 6 al 12 de abril de 1987

En 1987, durante la semana que se inició el lunes 6 y concluyó el domingo 12 de abril (Domingo de Ramos), la Argentina vivió uno de los acontecimientos más trascendentales de su historia religiosa: la segunda visita del Papa Juan Pablo II, que como maestro de la fe efectuó un recorrido por el país que abarcó 10 ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.

Lunes 6 de abril de 1987

En el aeroparque Jorge Newbery, al que llegó a las 16, el Papa dijo que sentía una «profunda alegría y una gran emoción al pisar por segunda vez esta bendita tierra de la Argentina. Vuelvo ahora en visita pastoral para seguir cumpliendo la misión que el Senor me ha encomendado, de evangelizar y ser Maestro de la fe, ejerciendo a la vez, como sucesor de Pedro, el ministerio de confirmar a mis hermanos».

Desde el aeropuerto se trasladó en Papamóvil a la Catedral metropolitana, donde dirigió un discurso al clero y al pueblo de Dios.

Desde la catedral se dirigió a la vecina Casa de Gobierno. El presidente Alfonsín, en un gesto excepcional, recibió al Papa al pie de la escalinata que da a la calle Rivadavia. Desde allí lo acompanó hasta su despacho, donde tuvieron una conversación privada. Durante la misma el primer mandatario obsequió a Su Santidad un rosario de un metro de largo, realizado en plata y rodocrocita. A continuación se dirigió al Salón Blanco para un encuentro con los dirigentes políticos, representantes de las dos cámaras legislativas, miembros del Poder judicial y ministros y secretarios de Estado.

Terminado el encuentro con las autoridades del país, Juan Pablo II se asomó al balcón de la Casa Rosada para saludar a la gran multitud congregada en la plaza. Luego se dirigió en papamóvil a la Nunciatura Apostólica, donde tuvo un encuentro con los 65 jefes de misión del cuerpo diplomático.

Martes 7 de abril de 1987

Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 trasladándose a la ciudad de Bahía Blanca, donde fue recibido por unas 130.000 personas con el canto «Gracias, Juan Pablo», compuesto con motivo de esta visita por el músico local Walter Giménez. En su homilía trató sobre «la evangelización del mundo rural». La ofrenda de un gran cesto de trigo recordó la generosidad ubérrima de la pampa húmeda.

El próximo destino fue la ciudad de Viedma adonde llegó a las 13.30 para tener allí una celebración de la Palabra. El tema de la misma tuvo carácter misionero. El obispo de Viedma, monsenor Hesayne, dirigió al Pastor universal un saludo de bienvenida y el Romano Pontífice pronunció a su vez un discurso que tenía como tema central la «nueva evangelización».

Terminada la ceremonia, la comitiva papal volvió a tomar el avión para dirigirse al aeropuerto El Plumerillo, de Mendoza, a 1.012 kilómetros. El Papa llegó a las 16.45 y se trasladó hasta el sitio donde iba a tener lugar la celebración de la Palabra. Había unas 200.000 personas. El Papa fue recibido por un coro de 250 voces, que entonó «Tú eres Pedro», y luego siguió una canción de cuna polaca. El arzobispo de Mendoza, monsenor Cándido Rubiolo, dirigió al Pontífice un discurso de salutación. A continuación hubo una plegaria por la paz, y luego el Padre Santo pronunció un discurso. Tanto la alocución papal como todos los textos litúrgicos, estuvieron centrados en el tema de la paz: esto tenía un especial significado, dada la posición geográfica de Mendoza, limítrofe con Chile. A las 19 Su Santidad se trasladó al aeropuerto y viajó a Córdoba, que dista de allí a 725 kilómetros, donde pasó la noche.

Miércoles 8 de abril de 1987

En Córdoba Juan Pablo II comenzó su jornada a las 8 de manana, trasladándose a la Catedral. Dentro del templo esperaban al Papa 300 enfermos e inválidos, que representaban a todos los enfermos del país. El Papa luego de adorar al Santísimo dirigió una alocución a los enfermos. Desde la catedral se dirigió en papamóvil al Área Material Córdoba, donde presidió la misa. Hubo palabras de bienvenida del arzobispo de Córdoba, cardenal Raúl F. Primatesta. A su vez el Papa en la homilía trató el tema de la familia.

Por la tarde se dirigió nuevamente al aeropuerto y subió al avión que lo llevó al aeropuerto Benjamín Matienzo, de Tucumán, ciudad que dista de Córdoba a 510 kilómetros. Fue recibido con gran entusiasmo por unas 80.000 personas, la mayoría de las cuales llegaron a pie desde la ciudad de San Miguel de Tucumán.

El aeropuerto se había transformado en un enorme palco sobre el que se alzaba una gran cruz de hierro. El encuentro revistió la forma de celebración de la Palabra. El arzobispo local, monsenor Horacio Bózzoli, dio la bienvenida al Papa y luego él pronunció su homilía sobre el amor de los cristianos a su Patria.

Terminado el acto, la comitiva papal tomó el avión que lo trasladó a Salta, a 234 kilómetros. Desde el aeropuerto, el Papa fue al hipódromo de Limache, para tener un encuentro con los fieles de la arquidiócesis, encuentro que tenía como tema «El V centenario de la evangelización de América Latina», dado que la evangelización de la Argentina comenzó por estas latitudes. En la celebración estaban presentes más de 1.500 representantes de los indios quechuas, tobas, matacos y chiriguanos que vinieron desde distintos puntos. El arzobispo local, monsenor Moisés Julio Blanchoud, dio la bienvenida al Padre Santo y a su vez el Romano Pontífice pronunció una alocución referida al tema del encuentro. Una vez terminada la celebración, la comitiva papal entró en la ciudad. El Papa cenó y pernoctó en el arzobispado.

Jueves 9 de abril de 1987

Por la manana, desde el arzobispado salteno se dirigió hacia la Catedral para hacer una visita no prevista a las imágenes del Senor y de la Virgen del Milagro. Después de haberse detenido unos momentos para adorar al Santísimo, el Santo Padre habló a los presentes, invitándolos a reflexionar sobre el misterio de la redención.

Luego viajó a Corrientes, a 740 kilómetros de distancia, donde bajo una torrencial lluvia fue recibido y saludado por el arzobispo de Corrientes, monsenor F. Antonio Rossi. Para los 100.000 fieles que participaban era como si resplandeciese el sol, permanecieron quietos, en sus sitios, rezando con el Pontífice, sin preocuparse del auténtico río de agua que caía sobre sus cabezas. Fue un gran testimonio de fe y de amor. La misa concelebrada con los obispos del Nordeste Argentino estuvo dedicada al tema «La religiosidad popular y la piedad mariana en la nueva evangelización».

Por la tarde viajó a Paraná. Fue recibido por el arzobispo de Paraná, monsenor Estanislao Esteban Karlic y luego se dirigió a la explanada que hay al salir de la aeroestación. El encuentro tuvo como tema «El mundo y los inmigrantes», debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona. Terminada la ceremonia religiosa, Juan Pablo II fue a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.

Al llegar de nuevo a la capital argentina se trasladó en papamóvil hasta la Nunciatura Apostólica. La gente se agolpaba en este lugar y aclamaba a Juan Pablo II, de suerte que tuvo que salir al balcón a saludar a la muchedumbre. Luego, en un salón de la Nunciatura, tuvo un encuentro con representantes de la comunidad judía en la Argentina.

Viernes 10 de abril de 1987

El viernes, a las 8.15, recorriendo en coche descubierto 18 kilómetros, se trasladó desde la Nunciatura Apostólica al estadio del club Vélez Sársfield, donde celebró la santa misa, dedicada a las personas consagradas y a los agentes de pastoral, aunque asistían también numerosos fieles: había unas 30.000 personas. Concelebraron con el Papa más de 2.000 sacerdotes y estaban presentes unos 1.700 seminaristas, 3.000 religiosas y 400 monjas de clausura.

Terminada la celebración eucarística, el Papa se dirigió en papamóvil a la Catedral de los ucranios, donde saludó a los ninos que vestían trajes típicos nacionales ucranios. En el interior había unas 1.000 personas. El eparca, monsenor Andrés Sapelak, dirigió al Papa un saludo y luego de la coronación del ícono de la Virgen de Prokov el Santo Padre dirigió una alocución a los ucranios. Luego nuevamente en papamóvil se dirigió a la Nunciatura.

Por la tarde fue al Mercado Central de Buenos Aires, donde unos 300.000 trabajadores lo saludaron con gran entusiasmo; el Papa bendijo una capilla erigida en el lugar en recuerdo de su visita, el obispo de San Justo, monsenor Rodolfo Bufano dirigió un saludo al Pontífice, quien pronunció un discurso sobre la evangelización del mundo del trabajo.

Desde ahí el Papa se trasladó directamente al estadio Luna Park, donde tuvo un encuentro con la comunidad polaca en la Argentina. Pronunció su discurso en polaco y, terminado el acto se dirigió a la Nunciatura donde por la noche transmitió por radio y televisión un mensaje a todos los presos del país.

Sábado 11 de abril de 1987

A las 8 de la manana se dirigió al aeroparque rumbo a la ciudad de Rosario, a 304 kilómetros de Buenos Aires. El arzobispo de Rosario, monsenor Jorge M. López, le dio la bienvenida y la homilía papal tuvo como tema la «Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo». Finalizada la misa el Papa pronunció una plegaria en el Monumento a la Bandera.



Luego del almuerzo en la sede arzobispal voló a Buenos Aires. Cuando se inició el vuelo Su Santidad pidió al piloto que desviara la ruta, a fin de pasar, en vuelo rasante, sobre la Basílica Nacional de Nuestra Senora de Luján. Cuando la nave aérea sobrevolaba la ciudad de Luján, Juan Pablo II llamó a los cardenales Aramburu y Primatesta y juntos rezaron el Santo Rosario.

Desde el aeroparque se dirigió en papamóvil al estadio Luna Park para tener un encuentro con unos diez mil empresarios argentinos. Monsenor Ítalo Severino Di Stéfano, arzobispo de San Juan y presidente del Equipo Episcopal de Pastoral Social, dirigió al Santo Padre una bienvenida y por su parte el Papa pronunció un discurso a los empresarios.

A las 18, en la Nunciatura Apostólica, tuvo un encuentro con los representantes de la comunidad islámica en la Argentina. A la noche, la comitiva papal se dirigió en papamóvil a la avenida 9 de Julio, para el primer encuentro con los jóvenes presentes en Buenos Aires con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud. Una impresionante multitud de jóvenes (unos 60.000 eran los no argentinos provenientes de las más diversas partes del mundo), recibió a Juan Pablo II con las luces de colores y los sonidos luminosos y festivos de los fuegos artificiales, y por el ondear de miles de panuelos y banderas. El cardenal Pironio le dio la bienvenida. A continuación dos jóvenes también le dieron la bienvenida en nombre de todos. Luego comenzó el diálogo por medio de representaciones escénicas. A continuación hablaron jóvenes de diversos países y luego Juan Pablo II pronunció el esperado discurso a los jóvenes.

Domingo 12 de abril de 1987



El Papa comenzó su jornada a las 8 con un encuentro ecuménico en los salones de la Nunciatura. Participaron 35 personas representantes de diversas confesiones cristianas. Monsenor Mario José Serra, presidente del Equipo Episcopal de Ecumenismo, dirigió al Santo Padre unas palabras de salutación y Juan Pablo II respondió con un breve discurso a los hermanos separados.

Luego celebró en la avenida 9 de Julio la misa del Domingo de Ramos, con la que se clausuraba la Jornada Mundial de la Juventud. Era la primera vez, en la historia moderna del papado, que el Santo Padre no celebraba la fiesta de Ramos en Roma. Se calcula que había alrededor de 1.000.000 de personas, la mitad jóvenes. Estaba presente el presidente de la República, doctor Raúl Alfonsín. En el altar se había colocado la auténtica imagen de la Virgen de Luján, que el día anterior había sido traída procesionalmente por los jóvenes.

El Padre Santo pronunció la homilía del Domingo de Ramos. A las palabras del Papa respondieron los jóvenes con un acto de compromiso. Al terminar la misa, el Papa «envió» a los jóvenes al mundo y dio una cruz a cinco de ellos que representaban cada uno de los cinco continentes.

Luego Su Santidad se dirigió a la imagen de la Virgen de Luján y pronunció el acto de consagración a Nuestra Senora. Terminada la celebración, el Papa rezó el «Ángelus» ante la imagen de la Virgen de Luján. Antes de recitar la plegaria mariana, leyó una breve meditación dominical.

Desde la avenida 9 de Julio, Juan Pablo se trasladó en papamóvil a la sede de la Conferencia Episcopal Argentina que bendijo e inauguró (Suipacha 1034). Tras almorzar con todos los obispos en la misma sede, tuvo un encuentro con la Conferencia Episcopal Argentina en donde dirigió un mensaje a los obispos.

Después de este acto se trasladó al Teatro Colón para tener un encuentro con el mundo de la cultura argentina. Luego de las palabras de monsenor Estanislao Karlic, presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, el Padre Santo pronunció una alocución a los hombres de la cultura.

Del Teatro Colón el Papa salió rumbo al aeropuerto de Ezeiza donde pronunció un discurso de despedida. A las 19.30 despegó el avión papal: un Boeing 747 Jumbo de Aerolíneas Argentinas, rumbo a la Ciudad Eterna. La segunda visita de Juan Pablo II al país había finalizado, dejando en todos una profunda emoción.

Totus Tuus...

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